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La transformación digital no es una opción para las empresas, es el pasaporte para
asegurar su supervivencia. La implantación de las nuevas tecnologías está ayudando a los clientes a ser cada vez más infieles por lo que ahora el reto de las compañías va más allá de vender sus productos: ahora deben enamorar a los consumidores.

El acceso ilimitado a la información y la simplificación de los procesos han empoderado al usuario facilitando la toma de decisiones y el salto de una compañía a otra. No en vano, internet ha abierto una puerta a un sinfín de productos y ofertas a las que se puede acceder desde la comodidad del sofá de una forma fácil y rápida, lo que ha incrementado exponencialmente la competencia a la que se enfrenta las empresas en su día a día. La transformación digital permite que el cambio de una compañía a otra sea muy fácil.

Lo importante es conseguir información sobre el consumidor y sus necesidades para saber cómo actuar sobre él y fidelizarlo. La tecnología nos permite establecer patrones de comportamiento, llegar a conocer el grado de atención y satisfacción del cliente y estar lo más cerca de él para tener la capacidad de responder.

Las tecnologías que actualmente se aplican en el análisis de los datos arrojan una información que ayudan a las empresas a ser reactivas. Es decir, a responder a los estímulos y las demandas de los clientes cuando estas ya se han producido. Una estrategia que ya se está quedando obsoleta puesto que las grandes tecnológicas ya están trabajando en ser proactivas. O lo que es lo mismo, adelantarse a las necesidades de los clientes para ofrecerles lo que necesitan antes de que lo pidan.

Otro poder que las nuevas tecnologías han dado a los usuarios es la capacidad de hundir la reputación o la imagen de una empresa a través de las redes sociales ya que las compañías cada vez tienen menos credibilidad y las crisis crecen más deprisa. Hacer una campaña para desprestigiar a una marca es muy fácil. El problema para la firma es desmontarlo. Se da excesiva veracidad a todo lo que sale en las redes sociales.

Una amenaza que está obligando a las corporaciones a ser más transparentes y sociales. La presión de las redes sociales va a forzar a todo el mundo a ser más honestos porque todo es más transparente. Las empresas son más vulnerables.